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Germán Coppini

Germán Coppini López-Tormos (1961-2013)
Procedencia: Santander
Grupos: Siniestro Total, Golpes Bajos, Las Manos de Orlac, Anónimos, Cocoma, Lemuripop, Néctar y en solitario

A mediados de los 80 era, al igual que yo, un asiduo de la mítica tienda de discos Guarrerías Preciados que regentaba Sardinita. Allí, tuve la oportunidad de departir en varias ocasiones con él, siempre con la música como telón de fondo. Era, en efecto, un tipo introvertido, tal y como rezaba su leyenda, pero cercano a la vez, educado, imaginativo, carente de cualquier atisbo de divinidad. Era quien era, lo asumía con naturalidad, no concediéndole la más mínima importancia a algo que para mi era algo mas que una ilusión: tener delante a alguien de tal magnitud y poder disfrutar de su sencillez. No olvidemos, que, en el fondo, la mentalidad (y la apariencia física) de Germán en aquella época era punk y la mía ...cualquiera sabe.

Pasaron los años y fui perdiéndole la pista, no ya personal, sino incluso musicalmente porque lo que hizo después me resultaba mucho menos atractivo que las bases que ya había sentado en Siniestro Total y Golpes Bajos. A nadie se le escapa que tuvo un bagaje artístico irregular y no siempre por culpa suya,. La industria musical suele actuar a modo de rapiña cuando huele el talento y solo suele racionalizarlo correctamente en contadas ocasiones.

Pasó los últimos años de su vida impartiéndole lecciones gratuitas a músicos de generaciones posteriores a la suya, quizá porque sus congéneres no supieron interpretarlo del todo, quizá porque era la mejor tabla de salvación que encontró para seguir ejerciendo de genio, quizá por sus propios dogmas de fe en lo que mejor sabía hacer. Lo cierto es que volvió a ganarse el respeto que nunca debió perder.

Anoche, en ese momento en que los efluvios y los jugos gástricos de la opípara cena familiar causan, aparte de algún que otro problemilla de conciencia, mas modorra que otra cosa, se me ocurre encender el ordenador. En mala hora, Germán Coppini ha muerto. No me parece necesario incidir en los detalles del impacto, muchos desconocíamos sus dolencias pero creo que en ese instante el trance de todos los que amamos la música era bastante doloroso.

Con él, no sólo se va uno de los mayores embajadores del pop que ha dado Galicia, sino una de las mentes más brillantes del pop estatal, pocas voces han sido capaces de desgranar tanto sentimiento abordando tanto el punk como los ritmos negros, nadie como él para dotar de exquisitez al costumbrismo, de sofisticación a las meigas ... tantas cosas que agradecerte ... ahora sí que vamos a necesitar otro alien divino que, como tú, nos haga soñar. Hasta siempre, Germán.

[Redacción Nuevaola80. Aurelio Sánchez Castillo] 

Ernesto ¨Coppini

Ernesto Coppini (1965-1999)
Procedencia: Santander
Grupos: El Expreso de Austwitch, Las Manos de Orlac

Ernesto Coppini, el hermano pequeño de Germán, fue una de esas pocas personas que se tomaban la vida como militancia. Pero no una militancia al uso, sino más bien una militancia estética, haciendo de su vida una línea estrecha, cerrada, como una columna bélica lanza en ristre preparada en la vanguardia para abrir una grieta en el frente enemigo. Era callado, sonriente, bueno. Una noche se durmió y no volvió a despertar.

Siempre con su indumentaria de "rude boy", cazadora adornada de parches, boogies, tupé, a cualquier hora del día, Ernesto exhibía su transgresión pacífica pero firme por las calles del centro de Santander. No estaba solo, eran una pequeña tropa de locos iluminados que formarían un grupo llamado Las Manos de Orlac, que quedó en Las Manos, con Nacho Mastretta, Jesús Bombín, Manolo Raba y Ernesto Coppini. Y un quinto miembro en la sombra, un singular musicólogo desconocido llamado Luis Avín. Las Manos llegaron a grabar uno de los discos más originales de los ochenta incorporando de manera absolutamente pionera en España los ritmos del boogaloo, el latin soul, el jazz soul, el raggamuffin´ e incluso ritmos africanos, cuando por aquí nadie se había atrevido a reivindicar a La Lupe, Willie Colon, Héctor Lavoe, Willie Bobo, The Beginning of The End, las grandezas de Lionel Richie o lo tremendamente bueno que era Stevie Wonder.

Aquellos locos iluminados se consideraban a sí mismos “fundamentalistas de la música disco“, y su adoración por los discos de los Jackson Five era completamente sincera. Desde luego su bagaje musical era mucho más amplio, desde los Mar-Keys -el instrumental “Last Night” era uno de sus temas estrella en los directos- a Don Byron, de Shabba Ranks a David Peaston. Como suele ocurrir en lugares alejados de la capital como Santander, tan cerca de Inglaterra y, a la vez tan lejos, la desidia llevaba a la investigación. Y, a su manera, a la vanguardia del pop en España.

Germán Coppini era fan de las Manos, un miembro más en aquel proyecto truncado por la poca visión de la industria ante un fenómeno tan innovador. Al poco, de Reino Unido llegaría Talkin´ Loud y la fiebre del acid jazz, al tiempo que Verve y Blue Note abrían sus catálogos de grabaciones incunables a precios irrisorios. Todavía recuerdo cruzar la Gran Vía y llegar a las puertas del Madrid Rock –celosamente guardadas por los perennes heavy-prog cuyo oficio parecía ser el de estar ahí de palique-, ir al fondo, subir las escaleras a la segunda planta y hacerme con todas aquellas joyas por cuatro perras. Las Manos recitaban: “los tiempos están cambiando”. Pero no fue así la historia, llegaron demasiado pronto, unos pasos por delante.

A Germán Coppini, digo, le fascinaba la propuesta de estos locos iluminados que traían de las cavernas el secreto hermético del jazz mezclado con el beat, el son, la descarga, el tumbao y el soul en ese fenómeno que creció en el Bronx de los años sesenta y que recibió el nombre de boogaloo. A raíz de Pérez Prado hasta llegar a Tito Puente, con La Lupe, Joe Cuba, Eddie Palmieri y el afrofilipino Joe Bataan como grandes embajadores de la lucha por la vida en El Barrio. Un fenómeno como para perderse, por su densidad y acumulación de material grabado de alta calidad. En determinados circuitos de clubes aún hoy se siguen valorando las sesiones de estos oscuros discos de Tico Records, Roulette o Salsoul, entre muchos otros.

[Fuente: Alvaro Alonso para ABC -Extracto-]