Pedro Garhel

Pedro Luís García Hernández (1952-2005)
Procedencia: Tenerife
Grupos: Depósito Dental

Para quienes comenzábamos a deambular por los círculos artísticos de Madrid a comienzos de los ochenta -tan prometedores y llenos de esperanzas creativas, cuando aún todo parecía posible-, Pedro Garhel era una persona familiar a quien se solía ver en exposiciones y actos, como espectador y a menudo como protagonista con sus performances, habitualmente en compañía de Rosa Galindo; era un momento dominado por la oficialidad de la nueva figuración madrileña, llevada de la mano por algunos críticos y comisarios que ninguneaban cualquier práctica artística que no se aviniese a sus afanes por medrar. Pedro pronto supuso un referente en el arte del performance y un vínculo (aunque con grandes diferencias y distancias) con prácticas anteriores, como el accionismo de Zaj y del Grup de Treball.

Las enormes dificultades para lo que no fuera el oficialismo de la pintura más reaccionaria llevaron a Pedro a abrir en esos primeros ochenta el Espacio alternativo P, un lugar de trabajo y de encuentro entre artistas en el que se sucedían exposiciones, acciones, conciertos, se conversaba e intercambiaban experiencias creativas: una plataforma de libertad y de experimentación (y aprendizaje en muchos casos) para jóvenes artistas y donde también se mostraba el trabajo de no tan jóvenes, o de otros injustamente ignorados. Un espacio alternativo era algo muy en boga en Europa y Norteamérica en aquella época en que las prácticas artísticas autogestionarias eran frecuentes, y en España hubo diversos intentos entre los que el más continuado y destacable fue seguramente el “Espacio P”, que Pedro Garhel mantenía con su gran personalidad, mucho tesón, generosidad y no pocos esfuerzos económicos, sin apoyo oficial de ningún tipo, pero con ilusión compartida por todos los que éramos sus amigos (¡cuántos nos conocimos gracias a Pedro y al “Espacio P”!).

El “Espacio P” estuvo activo una larga y fértil década, y por allí pasó una multitud de artistas, españoles y de fuera, algunos hoy muy conocidos, junto con otros que allí dieron sus primeros pasos. Pedro compaginaba el día a día del Espacio P con su trabajo personal o en diversos proyectos, con Rosa Galindo, el grupo Depósito Dental, o con Karin Ohlenschläger.

Cuando a mediados de los noventa una nueva generación de artistas emergentes del performance y la acción pretendían estar inventando todo y rescribían la historia a partir de su año cero particular, a menudo mimetizando o borrando intencionadamente casi todo lo anterior, no les quedó más remedio que reconocer el largo y continuado trabajo de Pedro Garhel y del Espacio P, y el puente intergeneracional que supuso.

Es una pena, y una injusticia más entre muchas, que Pedro, siempre independiente y en disidencia con el entramado artístico dominante, no haya tenido el reconocimiento que se merece, a pesar de su participación en Documenta y muchos otros eventos, y del “Espacio P”. Porque a menudo Pedro tuvo que hacer su trabajo, en España, a pesar de barreras y envidias, llegando posiblemente a ser el artista más destacado en el ámbito del performance en este país, y uno de los contados artistas españoles que en las últimas décadas han participado en la Documenta de Kassel.

Desde los noventa, junto a su propia obra fue profesor en la Facultad de BBAA de Salamanca, continuó con su labor docente, ya iniciada en el “Espacio P”, y dando lugar a que sus estudiantes pudieran crear y mostrar su trabajo a pesar de los encorsetamientos académicos.

De vuelta a Tenerife, inició una nueva experiencia, “Empaquetado”, un nuevo espacio de creación y de documentación en que reunir y hacer accesible su archivo y el fruto del trabajo de muchos años, un legado importante para entender una parte irrenunciable del arte español de los ochenta y noventa. Una labor en ciernes que quedó inconclusa. Pedro Garhel falleció el 8 de diciembre pasado en Tenerife, la misma tierra que le viera nacer.

Pedro tenía un gran corazón, grande y generoso. Quienes tuvimos la suerte de conocerle y de ser sus amigos, de quererle, en el tiempo y a pesar de la distancia, tenemos un gran dolor. En la tristeza de su pérdida nos quedan muchos recuerdos y la herencia de lo que él hizo y ayudó a que se hiciera.

[Fuente: J. A. Sarmiento para mediateletipos.net]